Todo side project llega a una encrucijada. El mío llegó cuando la plataforma de la que TourTracker obtenía los datos cambió de proveedor. De la noche a la mañana, las APIs que había automatizado dejaron de existir. Tenía dos opciones: dejar morir la herramienta o evolucionarla para resolver un problema aún mayor.
Elegí la segunda. Tras tres años de uso diario en la empresa de mi mujer, la v1 local en Docker se había quedado pequeña. El equipo teletrabajaba y necesitaba acceder a los datos de forma segura desde cualquier lugar, sin configuraciones complejas de red. Era el momento de dar el salto: migrar de Spring Boot/React local a Next.js desplegado en la nube con Vercel.
Pero no quería hacer una migración 1:1. Quería construir un producto maduro.
El desarrollador multiplicado por diez
Cuando eres el único desarrollador de un proyecto técnico en tu tiempo libre, las horas son limitadas. Aquí es donde entró en juego la IA como copiloto. Bien guiada, con las reglas adecuadas y sabiendo exactamente qué le estás pidiendo, la inteligencia artificial no te sustituye: te multiplica.
Con este copiloto a los mandos del teclado, pudimos implementar en tiempo récord funcionalidades que antes me habrían llevado meses:
- Seguridad por diseño: un sistema de autenticación avanzado basado en roles y permisos personalizados.
- Filtros compuestos: búsquedas ultra rápidas y cruzadas para que el usuario encuentre lo que busca en segundos.
- UX guiada: un tour de tutoriales interactivos integrado en la propia aplicación para explicar las pantallas más complejas a los nuevos usuarios.
- Reportes de un clic: exportaciones nativas a Excel, CSV y PDF, además de un dashboard visual para ver el estado del negocio de un vistazo.
El verdadero jefe final: la migración de datos
Darle una vuelta de tuerca a la aplicación significaba también rediseñar la base de datos para hacerla más eficiente y romper relaciones antiguas que ya no tenían sentido. Quien haya migrado datos de producción sabe que es un campo de minas.
Aquí la IA volvió a ser clave. Utilizándola para generar scripts de mapeo específicos bajo mis directrices, logramos transformar la estructura antigua a la nueva sin perder un solo registro por el camino. El despliegue en Vercel fue limpio, efectivo y, sobre todo, transparente para los usuarios.
Conclusión: el valor del código vivo
Al final, el software no es algo estático. TourTracker empezó eliminando excels caóticos en un fin de semana y hoy es una plataforma SaaS accesible, segura, amigable y muchísimo más rápida que su predecesora.
Para mí, esta evolución ha sido el mejor máster posible. Me ha enseñado a diseñar pensando en la nube, a estructurar la seguridad desde el minuto uno y a demostrar que, con la estrategia adecuada, las herramientas de IA pueden convertir un proyecto personal en software de nivel empresarial.
Bienvenido, TourTracker V2.

